La agroecología, un modelo de vida como ciencia

Esta propuesta social y alimentaria puede aportar al cambio climático, la desigualdad y el fortalecimiento del papel de las y los campesinos, desde la recuperación de los saberes y procesos de base rural.

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Foto por: Óscar Yair Suárez Salazar

En los escenarios actuales se hacen recurrentes propuestas positivas para la agricultura, como disminuir el uso de productos químicos, la ingesta de alimentos sanos y la redignificación de los habitantes rurales. Sin embargo, poco se conoce que la mayoría de estas conductas, se encuentran agrupadas en una propuesta, considerada por algunos un movimiento social y humano.

En el caso de la agroecología como disciplina del conocimiento, se ha avanzado de forma valiosa en las décadas recientes, de este modo, se buscará tratar su dimensión social y participativa más que sus postulados teóricos, pues estos gozan de un rigor y riqueza inigualables desarrollados por académicos en diversos territorios del mundo. 

Al mismo tiempo, existe un consenso en torno a la definición de este concepto en su dimensión técnica, como un conjunto de prácticas que analizan y orientan la forma en que los diferentes componentes de un agroecosistema interactúan y aportan innumerables ventajas. 

Por otro lado, la dimensión social de la agroecología, se refiere a un movimiento que tiene como características el mercadeo justo, la construcción de los saberes desde las bases campesinas y la importancia de la identidad cultural de los territorios. Así lo abordamos en el presente artículo. 

La corriente agroecológica se alimenta de los saberes y conocimientos de base, ancestrales y tradicionales, brindando un lugar privilegiado para aquella población campesina que ha habitado la ruralidad desde los inicios de las sociedades, además, busca mantener vigentes las luchas sociales y los movimientos en pro del bienestar familiar campesino.

¿Cómo la agroecología puede aportar a nuestra vida? 

Adoptar prácticas de producción y consumo agroecológico es coherente con la inclinación hacia la conservación ambiental que tanto anhelamos, y también proporciona capacidades autónomas en las comunidades, pues no hay dependencia de la producción agrícola industrial y de la transformación de materias primas.

Así alcanzamos la soberanía alimentaria para elegir qué comer y para producirlo bajo nuestros medios tradicionales. De manera general, se tiende a confundir o desdibujar esta corriente de pensamiento y modo de vida con las agriculturas alternativas como la agricultura orgánica, la agricultura ecológica o la agricultura biodinámica.

Es innegable que todas comparten determinados cimientos semejantes, no obstante, la agroecología involucra un carácter integral y una conjunción entre ciencias sociales y naturales, que hacen de sus instrumentos mejores canales interpretativos.

El futuro de este movimiento es promisorio, pues las crisis económicas, ambientales y de salud mundial han marcado un camino donde la agroecología podría participar de manera más activa en las agendas gubernamentales. Equilibrio climático, comercialización justa, soberanía alimentaria, equidad y bienestar social son algunos de los muchos beneficios que trae consigo esta propuesta.

Por: Andrés Madrigal. Estudiante de Mgtr. en Gestión y Desarrollo Rural.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora. 

 

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