Carta del campo: Sueños de progreso de un joven catatumbero

Esta es la historia de Anderson León, un joven del Catatumbo que resalta por su resiliencia y dedicación. Desde muy pequeño ha hecho frente a diversas dificultades que lo llevaron a encontrar apoyo en una nueva familia y territorio.

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Foto por: Jackelin Arroyo Rincón

En la región del Catatumbo está ubicado Quince Letras, un corregimiento del municipio de Teorama visiblemente afectado por la violencia. Allí, un 12 de mayo de 1995 nació Anderson León Ascanio.

Su infancia no estuvo rodeada de juguetes, ni tampoco durmió en cunas; dos camas eran suficientes para que él y sus 8 hermanos durmieran. Lo poco que sus padres recogían con la venta de yuca y plátano era para alimentar a toda la familia.

Esto llevó a León con tan sólo 12 años a buscar sustento, al verse frustrado por la precariedad tomó la decisión de salir de su casa para encontrar una oportunidad para estudiar. Después de todo, los niños catatumberos también tienen sueños.

Fue así como llegó al corregimiento El Aserrío, donde encontró refugio en el Hogar Juvenil Campesino, un proyecto de la alcaldía municipal en el que podría vivir y alimentarse de manera gratuita mientras realizaba sus estudios de bachillerato. 

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Sin embargo, en junio del 2010 una avalancha llegó al corregimiento, “mis cuadernos, mi poca ropa, esa que conseguí trabajando como asistente en una tienda del caserío, mis sueños fueron arrebatados, tal vez el destino quería darme una lección”, cuenta León.

Nunca se rindió y gracias a su esfuerzo,  Sandra Gutiérrez, madre de uno de los estudiantes del colegio, al notar su buen desempeño académico decidió contratarlo para que en las tardes asesorará a sus hijos en las tareas, y de esta forma pudiera recibir un ingreso económico.

Después de un año, decidieron adoptarlo y brindarle las comodidades que él nunca imaginó tener. Anderson empezó a creer que la vida tenía un futuro distinto para él, era consciente que el pensamiento de su familia nunca estuvo amarrado al suyo, que estudiar era su pasión.

A pesar de todo lo que tuvo que atravesar siempre ocupó los primeros lugares en su salón de clase, convirtiéndose el 29 de noviembre de 2013 en el mejor bachiller de su colegio y demostrándose a él mismo que no existen cosas imposibles, sino seres incapaces.

 

Por: Jackelin Arroyo Rincón. Facilitadora educativa del proyecto Alfabetización digital para la gestión comunitaria/COSUDE.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora.

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