El culto a los santos, ¿de dónde viene?

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El culto a los santos tiene su origen en la Iglesia de los primeros siglos.

 

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Por Juan Carlos Matiz

 

El culto o veneración a los santos es una práctica religiosa antiquísima dentro de la Iglesia Católica, tanto de Oriente como de Occidente, que tiene su fundamento en la creencia de la Comunión de los Santos, es decir, en la convicción de que todos los cristianos, tanto vivos como difuntos, están unidos a Cristo, y por lo tanto, pueden interceder entre sí y ayudarse espiritualmente.

culto 2Según registros históricos, la práctica del culto a los santos tiene su origen a finales del siglo primero y principios del segundo durante el inicio de la cruenta persecución de los cristianos por parte del imperio Romano, cuando empezaron a surgir los primeros mártires: aquellos cristianos que eran torturados, y asesinados cruelmente por confesar su fe en Jesucristo.

Los cristianos de aquella época veían en los mártires verdaderos héroes y perfectos testimonios de Cristo y empezaron a catalogarlos como “santos”, pues creían que los mártires al instante mismo de su muerte renacían a la vida eterna. En ese contexto y durante el transcurso de los primeros tres siglos de nuestra era, los cristianos empezaron a dirigirse a los “santos” para implorar su intercesión y obtener así ayudas materiales y espirituales como curaciones, protección, y valentía.

Durante esa época las tumbas de los mártires se convirtieron en sitios predilectos de culto. Después de las ejecuciones, los restos de los mártires eran recuperados, guardados, y depositados por los cristianos en catacumbas o tumbas secretas, y cada año en la conmemoración del aniversario de la muerte del mártir, los familiares y amigos se congregaban entorno a los restos para una celebración litúrgica, surgiendo así el culto a los santos.

Varias de las pruebas que demuestran que el culto a los santos se originó en la Iglesia primitiva se encuentran en las actas de los mártires, como se muestra por ejemplo en el acta de martirio de san Policarpo, discípulo del apóstol San Juan y obispo de Esmirna y que murió en la hoguera en el año 155. En esta acta se menciona: “pudimos recoger los huesos del mártir, más valiosos que piedras preciosas y más estimados que oro puro, los cuales depositamos en lugar conveniente. Allí, según nos fuere posible, reunidos en júbilo y alegría, nos concederá el Señor celebrar el natalicio del martirio de Policarpo, para memoria de los que acabaron ya su combate y ejercicio y preparación de los que tienen aún que combatir”.

Con el tiempo, las tumbas de los “santos” se convirtieron en sitios de peregrinación, y sobre estas tumbas comenzaron a levantarse iglesias como sucedió en la colina Vaticana, antiguo cementerio a las afueras de Roma, donde se construyó la Basílica de san Pedro sobre la tumba del apóstol.

culto 3Para mediados del siglo cuarto, no solo el culto a los santos mártires sino también el culto a otros “santos” cristianos, como algunos ermitaños y confesores, que murieron llevando una vida ejemplar, se empezó a propagar rápidamente a medida que el cristianismo se fue expandiendo por todo el orbe.   Y de igual manera como sucedió con los mártires, las reliquias de estos otros santos empezaron a ser veneradas, y templos empezaron a ser levantados sobre sus tumbas.

Para principios del siglo IV, la práctica de la veneración o culto a los santos estaba ya tan arraigada, que el concilio de Nicea en el año 325 decretó que todo altar de Iglesia debía albergar en sus cimientos reliquias de mártires o de algún santo.

 

 

 

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