Comunicación comunitaria, la ilusión de un joven que construye memoria

En la vereda Cerro Azul de Valle del Cauca, Josthyn Pérez se comprometió con los procesos de comunicación para la construcción de memoria del conflicto. Este joven rural fortalece sus saberes para narrar los sentires de la comunidad, con el fin de que los jóvenes protagonicen acciones para que no vuelva la guerra.

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Foto por: Andrés Laguna - proyecto Polifonía Juvenil para la Paz

Con la nostalgia y la impotencia que implica dejar todo atrás forzosamente, Josthyn Pérez y su familia tuvieron que salir de Venezuela a causa de la violencia, la inseguridad, la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales. Entre cientos de personas, llegaron caminando a Cúcuta, Colombia el 14 de enero del 2018 con la esperanza de vivir dignamente.

Entre las muchas dificultades que tuvieron que enfrentar, la que más recuerda este joven es el hecho de tener que ir de un lugar a otro, ya que por ser extranjeros era complicado encontrar un espacio fijo para establecerse. Después de un tiempo, fue Valle del Cauca el territorio que los recibió y hoy es testigo de su progreso.

Actualmente, Josthyn cursa grado noveno en la Institución Educativa Rodrigo Lloreda Caicedo, ubicada en la Vereda Cerro Azul, Bolívar,  y hace parte del proyecto Polifonía Juvenil para la Paz, en el cual cerca de 200 estudiantes rurales fortalecen sus competencias ciudadanas y sus habilidades comunicacionales, con el fin de aportar en la construcción de memoria histórica del conflicto y la promoción de acciones positivas para el sostenimiento de la paz.

Los aprendizajes que más han llamado su atención, están relacionados con la realización de entrevistas y ejercicios fotográficos, formatos que le han permitido conocer testimonios de habitantes de su vereda que vivieron de cerca el conflicto armado y que hoy hacen un llamado a trabajar mancomunadamente para que esas épocas de violencia no regresen. 

Con un tono de entusiasmo, Josthyn cuenta que ha aprendido que en todo el mundo hay personas buenas y malas, “con este proyecto me estoy fortaleciendo para hacer las cosas bien y por el bien de los demás. Cuando termine el bachillerato me gustaría conocer más sobre la comunicación y cosas así con las que yo pueda ayudar a más personas”.

Ser un joven rural significa idear sueños en el marco de brechas educativas y digitales que les pone en desventaja respecto a los que habitan en la ciudad, sin embargo, a partir del entusiasmo, el compromiso y la resiliencia, se descubre el potencial que jóvenes como él tienen para convertirse en los protagonistas de la transformación social y comunitaria. 

Por: Karina Porras Niño. Periodista – Editora.

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