Un legado de Educación Rural: La Historia completa de José Joaquín Salcedo, Radio Sutatenza y ACPO, en sus 102 Años.

La vida de Monsenor José Joaquín Salcedo ha dejado una huella perdurable en la sociedad colombiana, especialmente en los ámbitos de la educación y el desarrollo social. Su legado se manifiesta a través de su visión vanguardista al fundar ACPO, Radio Sutatenza, escuelas radiofónicas, y programas educativos, revolucionando el acceso a la educación en las comunidades rurales. A nivel internacional, su reconocimiento por parte del Vaticano y otros países destaca la importancia y trascendencia de sus contribuciones. La Fundación ACPO, bajo la dirección actual de la Doctora Lina Paola Abaunza Barón, sigue adelante fortaleciendo la misión de Salcedo, subrayando que su influencia perdura, incluso 102 años después de su nacimiento.

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Foto: Monseñor José Joaquín Salcedo. Esta foto registra el momento en que el religioso entrevistaba a uno de sus personajes en Radio Sutatenza.
Foto: Monseñor José Joaquín Salcedo. Esta foto registra el momento en que el religioso entrevistaba a uno de sus personajes en Radio Sutatenza.

En 1921, el matrimonio Salcedo Guarín extendía redes del telégrafo para comunicarse. Corrales, población boyacense, la separaba de Sogamoso, dos horas de camino, a buen paso o a caballo para acceder a ciertas necesidades o privilegios. Entre las demandas más imperiosas estaban la salud y la educación. Por ello, extender las redes del telégrafo, aligeraba los procesos, sobre todo con aquellos que tenían carácter urgente.

El 8 de diciembre de 1921, se requerían los servicios médicos para ayudar a la señora Eva María Guarín Perry de Salcedo para el alumbramiento. El momento de apremio, obligó la asistencia de la señorita Fideligna, una homeópata originaria de Alemania, que, además, hacía las veces de partera, de forma especial para las señoras de la zona urbana, a diferencia de las mujeres del campo, que, como parte de su tradición, tenían la destreza de asistirse ellas mismas para los partos.

La fecha de nacimiento coincidió con las festividades de la población, por lo que música, cohetes y gozo, espontáneamente ocasionaron mayor júbilo con la llegada de Joaquito, de manera especial para la familia Salcedo Guarín, por ser su primogénito. Al paso de los años, las fiestas causaron inquietud en el niño, por lo que su padre, Don José Joaquín Salcedo Cújar, explicó que las festividades se hacían con motivo de su cumpleaños. Una broma que José Joaquín Salcedo Guarín, siempre recordó con gran afecto.

La infancia de Salcedo Guarín, la compartió con chicos de la zona urbana y rural. Sus recuerdos fueron de amor, alegría, diversión y calor familiar. La educación recibida desde pequeño, cambiaron muchas de las costumbres ancestrales de la región y del mismo país. Sus padres, tenían descendencias muy diferentes. Doña Eva María, de tradición y carácter británico, heredados de Doña María Luisa Perry, quien llegó con su familia a mediados del siglo XIX de Inglaterra para instalarse en Pacho, Cundinamarca y luego en Samacá, Boyacá, influenciarían sustancialmente en la vida del niño Joaquito.

El interés de María Luisa por la educación y convertida al catolicismo, la llevaron hasta Sogamoso para dedicarse a la docencia. La situación económica que vivía el país, condicionaba la forma de vida, incitada por los enfrentamientos entre los partidos políticos tradicionales, como una de las consecuencias de ello, se produjo la Guerra de los Mil días, por lo que María Luisa se vio obligada a trasladarse a Corrales para reducir gastos. Siendo maestra, conoció a Belisario Guarín Morales, comerciante de Chita, Boyacá, y la relación se consolidó en matrimonio. Del vínculo, nació Eva María, quien conoció a José Joaquín, hijo del comerciante de la región Julio Salcedo.

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El comercio, la pasión por la lectura, el amor, la educación y el telégrafo, fueron los factores que identificaron la familia donde se formó Joaquito, alterando claramente las tradiciones y costumbres en que se desarrollaron las demás familias de la región. El ambiente machista, la sumisión de la mujer, el comportamiento familiar, el comportamiento apático y sin demostraciones de cariño, la débil educación, el trabajo obligado y el desánimo, fueron reemplazados por sus opuestos. De tal manera que José Joaquín Salcedo Guarín, advirtió las diferencias que existían en su entorno donde crecía tanto física, espiritual, social, cultural e intelectualmente.

La educación en Colombia, por aquellos tiempos, tenía, grandes problemas, no solo por la falta de presupuestos para la adecuación, de espacios para clases o la obtención de implementos escolares. Las mayores complicaciones radicaban en la falta de maestros, la apropiada preparación de los mismos y la pedagogía conveniente para un territorio donde estaban muy marcados los espacios urbanos y rurales. El analfabetismo era muy alto, principalmente en el campo, el desacierto en la administración del país, influyó en la determinación para desarrollar el sector agrario o industrial. Finalmente, ante la influencia internacional, el gobierno se decantó por el desarrollo industrial. El abandono que soportó el campesino por parte del Estado, motivó el desplazamiento a las ciudades en busca de mejor calidad de vida. Sin embargo, el presupuesto no mejoró hasta el periodo entre 1925 y 1929 con la danza de los millones, recursos provenientes de la indemnización que entregó Estados Unidos a Colombia por la separación de Panamá, y la bonanza del café. Posterior a esto, los presupuestos y apoyos a la educación se volvieron a estancar.

En ese ambiente de incertidumbre social, educativa y económica creció José Joaquín Salcedo Guarín. Siendo testigo, además, de las dificultades que sobrellevaba el campesino, principalmente por la falta de conocimientos que les permitieran superar las adversidades de manera autónoma. El gobierno educó a la sociedad para recibir las migajas que salían de los presupuestos nacionales, departamentales o municipales, por lo que la costumbre limitó las posibilidades de ampliar sus capacidades, cualidades y talentos para valerse por sí mismos.

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Cuando Salcedo Guarín llegó al seminario mayor de Tunja para continuar sus estudios de secundaria, se encontró con otro gran maestro, el padre Navia. Entre los estudios formales, se incorporaron de forma voluntaria, instrucciones en física, química, mecánica, telecomunicaciones y en especial la radio. El proceso lo llevó a profundizar en diferentes áreas del conocimiento, mismos que utilizó en diferentes etapas de su vida. Al terminar sus estudios y ordenarse como sacerdote en 1947, implementó en Sutatenza, Boyacá, parroquia en la que

fue nombrado como coadjutor, la alfabetización por radio. Nació entonces, Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular -ACPO-, junto con un importante grupo de medios de comunicación, entre los que se destaca el periódico El Campesino. Con estos medios de comunicación de masas y organización sociocultural, surge la alfabetización por radio que integraba dos elementos fundamentales para el habitante rural, los conocimientos en lectura, escritura y la religiosidad -evangelización o catequesis-. Luego los complementó con la Educación Fundamental Integral (EFI) una pedagogía diseñada para el campesino, y que formaron parte fundamental de las Escuelas Radiofónicas, hoy conocidas como Escuelas Digitales Campesinas.

Las Escuelas Radiofónicas se instituyeron como punto de partida para las oportunidades que requería el campesino en procura de su progreso en la sociedad colombiana. El proyecto educativo y sociocultural, llegó hasta el Vaticano, teniendo gran protección por parte del Papa Juan XXIII, y consolidado por la amistad personal y entrañable con el Papa Pablo VI. De ese aporte de Salcedo Guarín, surge una gran amistad y reconocimientos por su talento e innovaciones educativas, dirigido a las personas más necesitadas, como lo era en su momento el campesino colombiano. Ese reconocimiento se transformó en el apoyo total por parte del clero romano, extendiéndose a los grupos de Alemania y otros países, donde obtuvo importantes aportes económicos para consolidar la obra social y educativa que reconocemos. Así mismo, el nombramiento como Monseñor, lo distinguió universalmente como un hombre de acción y entregado a mejorar la calidad de vida de los habitantes rurales. Sus experiencias y conocimientos le dieron el derecho de participar en el Concilio Vaticano II, en donde la reglamentación y actividad de los medios de comunicación del clero, tuvieron su magno aporte, dando como resultado la normativa, implementada hasta la fecha.

Monseñor José Joaquín Salcedo Guarín, fue más allá de su propósito evangelizador como sacerdote, también se comprometió con las comunidades más necesitadas, no para soportarles sus necesidades, sino para cumplir con el compromiso sagrado de enseñar a obtener sus beneficios, desarrollando su ingenio, cualidades y talentos, como seres inteligentes y de grandes cualidades. Para cumplir mejor con este propósito, se crearon los institutos de líderes campesinos en Sutatenza, formando a campesinos líderes que prestaran el servicio social para apoyar a sus hermanos en las veredas de Colombia. Este programa se implementó con gran fortuna y éxito por varios años, graduando a más de 23 mil líderes del país. El aporte de Salcedo, se caracterizó por la participación muy activa de la mujer campesina que, hasta 1956, cuando se pone en marcha el Instituto de líderes para mujeres campesinas, se encontraba totalmente ensombrecida y condicionada. El objetivo de los líderes, hombres y mujeres campesinos, fue claro, fortalecer el trabajo realizado desde las escuelas radiofónicas para la dignificación del campesino colombiano.

El compromiso de Monseñor Salcedo Guarín no fue en solitario, hombres y mujeres, en igualdad de condiciones, y respaldado por su familia, en primer lugar, padres, hermanos, hermanas y sobrinos. Su hermano del alma, gran amigo y cuñado, el Doctor Luis Alejandro Salas Lezaca, Doña Isabelita y su hermana locutora y dedicada a la obra de ACPO, fueron incansables durante toda su existencia. Junto a ellos, se fortaleció la acción social y educativa con el Doctor Hernando Bernal Alarcón, Doña Flor Rojas de Suescún, y un extenso grupo de personas que se unieron a la causa desde diferentes partes del mundo, formas y acciones para que fuese una de las propuestas educativas, sociales y culturales más grandes e importantes del mundo, con su propia pedagogía e iniciativa comunitaria.

El éxito de Radio Sutatenza fue tal que, según registros de la Unesco en 1955, en 601 de las 983 parroquias rurales de Colombia había una escuela ACPO con su coordinador, bajo el control del cura. Monseñor afirmaba que los alumnos analfabetos habían aprendido a leer y escribir en seis meses. La iniciativa educativa alcanzó su cenit en 1968, cuando Radio Sutatenza se convirtió en la primera iniciativa educativa con cobertura nacional en Colombia, transmitiendo desde diversas emisoras en todo el territorio.

Sin embargo, dentro de todo lo bueno que había creado Monseñor Salcedo en Colombia y a nivel internacional, Radio Sutatenza, las Escuelas Radiofónicas en los años 70, experimentaban un declive, un capítulo crucial en la historia de la educación rural colombiana llegaba a su término. La radio, que una vez resonó en cada rincón del país, enfrentaba los embates políticos, sociales, de la tecnología cambiante y la creciente presencia de la televisión. La competencia con emisoras comerciales también se sumaba a los desafíos, dando lugar a la última emisión de Radio Sutatenza el 17 de Febrero de 1989, junto con el cierre del Centro de Estudios de Sutatenza, y los institutos en junio de 1993. 

Sin embargo, en este monumental declive, se acercaba una de las pérdidas más angustiantes para Colombia, el 2 de diciembre del 94, la partida del sabio Quijote de los medios, dejó no solo una angustia por la educación rural, sino un vacío en los corazones de todas las personas que habían sido educadas por medio de la radio comunitaria, las escuelas, cartillas y el tan nombrado periódico el campesino. Sin embargo, a pesar de esto, el legado de José Joaquín Salcedo y ACPO se negaba a desaparecer.

Fue en este momento de declive de la radio cuando la semilla plantada por Salcedo germinó en nuevas formas de educación. ACPO persistió, adaptándose a los cambios y desafíos de la era moderna. Surgieron las Escuelas Digitales Campesinas, una evolución natural del proyecto original de Radio Sutatenza y así mismo El periódico el campesino revolucionó y se digitalizo, estas dos iniciativas guiadas por la misma visión que impulsó a Salcedo décadas atrás, a seguir representando un compromiso continuo con la educación rural y la transformación del campo colombiano.

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Si bien la radio fue el primer paso audaz, el proyecto siempre tuvo una visión más amplia. No se trataba simplemente de transmitir conocimiento, sino de vincular a la población a través de diversas herramientas educativas. La radio, los discos, los libros, las cartillas y otras formas de enseñanza conformaron un ecosistema educativo sin precedentes. La apuesta por el autodidactismo y la enseñanza guiada permitió que el conocimiento llegará a todos, independientemente de su ubicación geográfica.

El modelo educativo de ACPO y Salcedo no sólo transformó la educación en Colombia, sino que también dejó una huella imborrable en el pensamiento educativo a nivel global. Inspiró a pensadores destacados como Paulo Freire y otros teóricos de la educación, quienes encontraron en esta iniciativa colombiana un referente valioso. El énfasis en la participación activa de la comunidad, el enfoque en la vida cotidiana y la conexión directa con las necesidades de la población rural resonaron en diversas latitudes.

Una de las apuestas de este siglo, es continuar con la visión de Monseñor José Joaquín Salcedo, y esta iniciativa transformadora se dio el pasado mes de noviembre en el resurgimiento del Centro de Estudios de Sutatenza, guiado por la visión de Lina Paola Abaunza, se convierte en un capítulo adicional de este relato educativo. Este renacimiento no solo honra el pasado, sino que también proyecta un futuro donde la educación rural sigue siendo el motor del desarrollo. La conexión entre el legado de Radio Sutatenza, la persistencia de ACPO y las nuevas iniciativas lideradas por Abaunza reflejan la continuidad de una misión educativa que trasciende generaciones.

En los 76 años de existencia de ACPO y 102 años después del natalicio de Monseñor José Joaquín Salcedo, el compromiso de educar, transformar y culturizar a Colombia sigue siendo la brújula que guía a la Fundación. La dirección visionaria de Lina Paola Abaunza y el impulso constante de las Escuelas Digitales Campesinas reafirman que el sueño de Salcedo no solo es un recuerdo histórico, sino una fuerza viva que impulsa la evolución constante de la educación rural en Colombia. Con la misma pasión y dedicación que caracterizó a Salcedo, la Fundación ACPO mira hacia el futuro, llevando consigo un legado que ilumina el camino de las generaciones venideras.

Autores : Javier Hernández Salazar, Presidente Academia de historia y comunicaciones Monseñor José Joaquín Salcedo Guarín, y Natalia Garavito, periodista y editora periódico Elcampesino.co.

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