San Miguel: «¿Quién como Dios?»

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San Miguel: Defensor del mal, Guerrero de Cristo, arcángel de la esperanza y la valentía, fiel a Cristo… En medio de las batallas de la vida, ¿qué nos enseña San Miguel?

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Por Jonathan Alexander Rozo García  

Los nombres de los arcángeles significan la relación grandiosa que ellos tienen con Dios. El nombre del Arcángel San Miguel, quiere decir en hebreo, «¿Quién como Dios?» Porque él fue constituido príncipe, precisamente por defender los derechos de Dios frente a las intenciones y obras del poder del mal. Así pues, el mismo nombre de Miguel,  invita a darle honor y gloria a Dios, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad.

San Miguel es uno de los tres arcángeles cuyos nombres aparecen en la Biblia. La Iglesia da al arcángel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama «Príncipe de los espíritus celestiales», «jefe o cabeza de la milicia celestial». Ya desde el Antiguo Testamento (2 Mac 15:22) aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el mal y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento (Apocalipsis 12,7-9).

Por ello, en diferentes pinturas y esculturas es representado como guerrero, el conquistador de satanás, poniendo su pie sobre el autor del mal, amenazándole con su espada o traspasándolo con su lanza. También suele representarse con una balanza, pues es defensor de la justicia y su fiesta es la más antigua de las instituidas en honor de los ángeles, la única que se celebraba en los primeros siglos.

La Iglesia ha tenido siempre una gran devoción, especialmente para pedirle que nos libere de los ataques del mal. Y él cuando se le invoca llega a la defensa sin falta, con el gran poder que Dios le ha concedido. por lo tanto, se reconoce a San Miguel como el arcángel de la esperanza, que prepara el encuentro con Dios en el cielo hacia el cual caminamos, recordando que no se debe perder la esperanza de los corazones, en medio de las batallas de la vida.

Además, es el arcángel de la valentía, pues sin miedo se enfrenta al mal, siendo defensor de la Iglesia frente al «dragón que la quiere devorar», defendiéndola en la batalla con el poder que no viene de si mismo sino de Cristo, como nos ha dicho el Apocalipsis: «ha vencido en la sangre de Cristo y en su testimonio que dio su vida por nosotros». El triunfo de San Miguel no le roba nada a Cristo. Al contrario, hace de la victoria de Cristo la victoria de todos los hombres. 

El arcángel refleja la presencia de Cristo, porque de su fuerza reparte fuerzas a los cristianos, suscitando una firme convicción en Cristo, presente en su Iglesia. 

Finalmente, como lo dice el Cardinal Mermillod: «En estos tiempos, cuando la misma base de la sociedad esta tambaleándose como consecuencia de haber negado los derechos de Dios, debemos revivir la devoción a San Miguel y con el gritar: «¡¿Quién como Dios?!» así,  se convierte esta devoción en «el mas grande remedio en contra de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos de Dios, en contra del ateísmo, escepticismo y de la infidelidad.» como lo predicaba San Francisco de Sales.

Oración:

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.

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