La depresión puede combatirse

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Por: Luis Alejandro Salas

Consejeros

Está de moda hablar de la depresión y pareciera que también es moda padecerla. Tal vez dentro de unos años esta será una de las enfermedades más frecuentes.

Se han hecho estudios que permiten analizar cambios físicos y químicos que explican modificaciones espirituales o anímicas.

“Estoy con la depre” es una frase corriente entre algunos, pero quizás sea una exageración, para significar un poco de pesar, tristeza, aburrimiento o cansancio.

La verdadera depresión es una afección mental duradera, caracterizada especialmente por un sentimiento afectivo de aniquilamiento, de falta de interés, de abandono, de soledad.

Es lamentable observar a una persona en depresión. Uno se siente como hundido o deprimido al ver a este ser sin alicientes, sin voluntad, casi sin afectos.

A la persona deprimida nada le importa, nada la motiva para emprender algo; está como aplanchada, espichada. Se disminuye la autoestima, se pierde el valor de sí mismo, se dejan las amistades, los amores, la esperanza.

A veces se presentan llantos y congoja profunda. El individuo va enconchándose, como se mete el caracol entre su caparazón. Se amilana, se opaca.

Los propósitos van extinguiéndose, los ideales van cayendo al abismo, las metas no aparecen. La vida se hace monótona, aburridora, sin sentido.

Disminuyen las reacciones a los estímulos especialmente afectivos. Los papás no le importan, los hijos no le interesan, los malos tratos no le afectan.

Hay momentos de desesperación, incapacidad, impotencia, de pena inmensa, de dolor profundo, de insuficiencia global, de cansancio extremo.

Pueden presentarse ansiedad, angustia, inseguridad, sensación de vacío.

No quiere hacerse el oficio que se acostumbraba o se conocía y era necesario. ¿Trabajar para qué’?

Hay miedo de vivir. Se desea la muerte y a veces se busca. Si hay algún dolor, se acentúa y, si hay alguna inhabilidad, se aumenta. La diversión no tiene objeto.

Los afectados se mueven como autómatas, son como muñecos de trapo. Se comportan como si no tuvieran fuerzas o estuvieran muy débiles, como si  no tuvieran rumbo. No tienen apetito para comer ni beber, no hay deseo sexual ni erótico.

A veces se llega a estados de estupor o somnolencia o despreocupación total. Dejan de llamar la atención la lectura, la oración, la música o el arte en sus diversas manifestaciones.

El pesimismo se apodera de la voluntad. El negativismo colma el horizonte. La frustración se adueña de lo pasado  y el sufrimiento es el futuro.

Ocasionalmente hay adicciones, especialmente al alcohol, que deprime.

La depresión no es simplemente un estado pasajero de tristeza, pesadumbre o sensación de problema o aplastamiento. Todos hemos tenido  y tendremos momentos de depresión sencilla, causada por fracasos, duelos, pérdidas, violencia, guerra, accidentes, tragedias, penas. Pero si este estado de ánimo se prolonga o se hace demasiado intenso, hay que buscar ayuda.

La depresión puede iniciarse a cualquier edad. Es más frecuente en las mujeres. Puede tratarse con resultados favorables y muchos pacientes han salido desde estados profundos a completa normalidad.

Es bueno buscar ayuda profesional cuando hay señales de la enfermedad, para que no tome fuerza y no incapacite por tanto tiempo.

De todos modos debemos tratar de ser alegres, optimistas, entusiastas, animosos. Hay que buscar el bienestar, el gozo, el amor, la justicia y la paz.

La depresión debe combatirse.

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