Carta del campo: Mujeres empoderadas por el cambio social

En la vereda Miravalle, Caquetá, se gestan historias de progreso a partir del Acuerdo de Paz. Tal es el caso de Jhoana Fajardo, una excombatiente que lidera el proyecto de hidroponía para aportar a la seguridad alimentaria de su comunidad y territorio.

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Foto por: Anyela Patricia Cardozo

Esta es la historia de Jhoana Fajardo, una mujer que ha marcado la diferencia con su accionar en la Zona de Reserva Campesina en la región del Pato – Balsillas, ubicada en Caquetá, un mágico lugar lleno de fauna y flora que queda sobre la Cordillera Oriental. 

Es allí donde se entreteje la historia de una mujer capaz de transformar su realidad, “hoy tengo la oportunidad de contar cómo ha sido mi experiencia en el Centro Poblado Oscar Mondragón en la Vereda Miravalle, poder estar en este territorio me dio la posibilidad de conocer el proyecto Mujer Mestiza, Indígena y Afrodescendiente – MIA. 

Mi vida cambió significativamente, antes de llegar acá estaba pasando por una situación económica difícil y ahora me encuentro liderando el proyecto de hidroponía, lo que significa poder sembrar plantas y frutas orgánicas con nutrientes de peces. Sembramos variedades de plantas aromáticas como la menta, la albahaca, ruda y romero”.

Además, cultivan hortalizas como lechuga, acelga, tomate cherry, pepino, y frutas como piña, uchuva, melón y patilla baby. Todo con un sistema de recambio de agua de los alevinos que requiere cero químicos, lo que preserva la salud del consumidor.

Ella cuenta que “el turista que visita este paraje tiene  la oportunidad de escoger la hortaliza que desea consumir, cada uno de los proyectos implementados en este espacio, son la muestra cierta de la implementación del Acuerdo de Paz en el territorio. Si bien es cierto aún falta, podemos decir que hoy la población reincorporada le apuesta a la paz”.  

El Proyecto MIA nos ha permitido propiciar un escenario de formación con la plataforma de Escuelas Digitales Campesinas – EDC, además de intercambios de experiencias y la posibilidad de contar con  una sala de comunicación para visibilizar todos estos proyectos productivos.

Así se espera poder ofertar y comercializar los  productos a través  de las redes sociales, “he aprendido a valorar el aprendizaje tan bonito   que he logrado hasta ahora y  hoy cuento con ese apoyo incondicional que me da fortaleza, que motiva a  las mujeres de las zonas rurales del país”

Este proyecto se consolida gracias a la Unión Europea y el Fondo Europeo para la Paz, y es implementado por  Acción Cultural Popular – ACPO con apoyo de la Diócesis de San Vicente del Caguán. 

 

Por: Anyela Patricia Cardozo. Facilitadora educativa del proyecto MIA.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora.

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