Una oportunidad para la paz (parte 3)

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Esta es la tercera y última parte de este testimonio que permitió recordar un poco la historia de la guerra en Colombia, el testimonio de la ex guerrillera Juliana y ahora el relato de Rubén, un soldado que sufrió afectaciones físicas permanentes por el conflicto armado y quien también hace parte de los trabajadores de este restaurante, El Cielo, lugar que brinda una segunda oportunidad para la paz a las victimas de la violencia, sin importar su papel o participación en la misma.

Un guerrero “llamado Terminator”

Rubén Darío Romero es quizás uno de los soldados con más tiempo trabajando en El Cielo, un hombre apasionado por la cocina y los sabores que desde allí pueden generar emociones y no violencia.

Paz
Foto: El Colombiano

“Tengo 27 años, yo era un soldado que pertenecía a un batallón de ingenieros en el Chocó, demoré dos años en el servicio y caí en un campo minado en el 2008 por minas antipersonas de hombres de las Farc del frente 57. Yo sé que fue ese frente porque era el que operaba por esa zona de Bojayá, Antioquia. Íbamos un batallón grande y yo era el de primera escuadra, pasaron 5 más por encima pero yo caí solo. Eso pasó hace 7 años cuando yo tenía 20”

Romero es un hombre con una estatura de 1.65 aproximadamente, es moreno y robusto. Tiene una voz y una postura que no refleja su pasado, solo demuestra un ser valiente que no le importó perder una pierna, un ojo y casi en su totalidad el oído izquierdo, porque hoy en día su vida refleja una experiencia dolorosa pero superable por amor a su familia y a la cocina.

Igual que Juliana, Romero nació en el campo y su visión para la vida era ser parte de la guerrilla, las autodefensas o el ejército.  Su corazón no veía la maldad, por eso decidió ser parte del Ejército Nacional de Colombia, trabajó para el bando opuesto, ¿tal vez su decisión debió ser otra?

Él jamás tuvo quien lo guiara por el camino de la paz, su mamá murió en el parto de su hermano menor y su papá los abandonó mucho antes de que él quisiera preguntarse por la vida, se crio con sus abuelos maternos, hoy en día solo vive su abuela porque su abuelo murió hace dos años. Romero ha tenido que vivir este proceso en soledad, no ha logrado regresar con facilidad al pueblo donde piensa que quizás puede haber uno de esos artefactos que parecen un vaso lleno de clavos, piedras y materia fecal para que contamine más, cianuro para que queme con más fuerza, pólvora y una jeringa que se pisa y detona todo en un segundo, lo que llaman minas anti-personales. La guerrilla con eso lo que busca es inmovilizar al soldado, no matarlo. ¿Qué se puede esperar de un objetivo así?

La sociedad tiene un millón de preguntas sin resolver, nadie sabe dónde un ser humano puede depositar tanta maldad. Cómo no piensan en las personas como Romero, que después del accidente se aferran más  a la muerte que a la vida.

“Habían momentos duros. Después del proceso me tocó aguantar hambre por el conducto regular que tiene el Ejército, es un proceso que demora mucho y más por el asunto de mi pensión. Me tocó esperar un año y ahí me dieron la baja, me quedé sin sueldo cuando hasta ahora empezaba a caminar con una prótesis, por eso aguante hambre porque en ningún lado me iba aceptar en esas condiciones”

Para ese momento él sentía odio y lo único que quería era venganza; dolores y sentimientos que pudo superar con el tiempo. “Cuando empecé aquí, los primeros días fueron duros por estar tanto tiempo de pie, cuando me cansaba me tocaba hacer las cosas sentado, pero ya me acostumbre a estar ocho horas de pie. Eso fue lo que me motivó y me hizo olvidar que tenía prótesis y discapacidades, ahora me dicen Terminator”

Romero es un testimonio que nos hace creer en la reconciliación, él es un claro ejemplo del perdón. “El proceso de perdón y reconciliación ya lo asimilé, por eso ahora puedo trabajar en paz con Juliana. Yo perdono a los guerrilleros, hasta los que me pusieron el campo minado; si quieren la paz, soy capaz de perdonar con el corazón. Por ejemplo, hablar con Juliana, hoy en día, lo veo como  una experiencia que a uno lo motiva a dejar el rencor y el odio, hoy me dedico a pensar diferente. Yo pienso que los guerrilleros en cualquier momento también fueron víctimas, sin justificar lo que hicieron pero la idea es si queremos paz debemos empezar con el perdón”.

Autor: María Paula Moreno, Estudiante de Comunicación Social, Voluntaria. @MariaPau9504
Editor: Katherine Vargas Gaitán, Periodista Editora. @KatheVargasg

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