Carta del campo: Conservación del saber ancestral en norte del Cauca

Desde el municipio de Guachené, Ana Melba Banguero comparte su visión sobre el poder de la tradición afro para la construcción de paz territorial. Afirma que es fundamental que las nuevas generaciones se apropien de su identidad étnica.

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Foto por: Andrés Laguna.

Nos llegan letras desde el municipio de Guachené, Cauca, tomadas de la entrevista a Ana Melba Banguero, docente, gestora cultural y cantaora. La cual podremos disfrutar completa una vez los estudiantes de ACONC, compartan la serie radial que están preparando en el marco del proyecto Comunicar y proteger la paz. 

“Como afro y docente que soy, hemos tenido muchos momentos para interactuar con adultos mayores, y esto nos genera conocimientos e historias que he podido transmitir a las nuevas generaciones, para que no pierdan su identidad étnica y conserven esos valores, esas costumbres y esos principios que nos dieron los mayores en un comienzo.

A Guachené, lo hace bonito ese arraigo cultural que tienen sus gentes, como un legado de nuestros mayores que todavía se encuentra establecido en nuestra comunidad, como son las fiestas de adoración al Niño Dios, una de las manifestaciones más representativas entre los negros del norte de Cauca.

Pero no es solamente el hecho de hacer fiesta, es el trasfondo social que trae la celebración, el conocimiento inmerso que hay dentro, que es el empoderamiento de las nuevas generaciones, que tengan sentido de pertenencia e identidad y que eso pueda prolongarse en el tiempo.

Esta fiestas adoración se dan haciendo memoria de lo que sucedía en los palenques de nuestros ancestros, a quienes después de estar en las celebraciones de diciembre con los amos, les daban una semana de descanso y ellos iban a sus malocas a replicar lo que habían vivido.

Pero con la diferencia de que les introducían el sistema africano, porque en la casa de los amos no se bailaba y no se danzaba y se celebraba el nacimiento de Jesús, en cambio en las malocas de los esclavizados se le hacía homenaje a la maternidad.

Entonces, con el sentir africano hicieron coplas, versos, cantaron arrullos y le añadieron un elemento principal que es la tambora. Hicieron letras figuradas, pero era un lenguaje en donde ellos entendían cuándo era la huida, el éxodo, cuándo se iban a volar de la casa de los amos.

Como a esa fiesta llegaban esclavizados de otras haciendas, entendían que Belén, el de la canción, era el lugar donde se iban a reunir cuando se volaran. Era la estrategia, la astucia del hombre negro de buscar herramientas para poder comunicarse y poder conseguir lo que se proponían, llegar a la meta.

Esas tradiciones ancestrales, tienen un gran aporte a la paz de los territorios, porque son momentos de solidaridad, encuentro, remembranza.  Asisten los mayores, los jóvenes y sobre todo los niños, y es impresionante ver cómo con el niño se meten a bailar las fugas de adoración para enseñarles. 

Los menores van aprendiendo de los mayores y en lugar de estar peleando y tratándose mal, van a disfrutar y a compartir, porque son espacios donde también se resalta mucho la lucha que tuvieron nuestros mayores para conservar el buen vivir dentro de los territorios”.

Por: Ana Melba Banguero, invitada a la serie podcast “Tenemos Cosas por decir”, y Keli Ararat, Carlos Hurtado y José Enuer Torres, participantes del proyecto Comunicar y proteger la Paz.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora. 

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